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Prof. Dr. Werner Gitt

Un viaje sin regreso

Die Verteilschrift „Reise ohne Rückkehr“ von Prof. Dr. Werner Gitt zur enthält die Botschaft von zwei Zügen, die unterwegs sind Richtung Ewigkeit.

Der „Lebenszug“, hat den Himmel als Ziel, der „Todeszug“ dagegen fährt in die ewige Verdammnis. Jeder wird eingeladen, vom Todeszug in den Lebenszug umzusteigen. Dies ist möglich für den, der Vergebung seiner Sünden durch Jesus Christus bekommt und ihn als Retter seines Lebens im Glauben annimmt.

Dieses Traktat eignet sich besonders gut zur Weitergabe an suchende Menschen!

10 Seiten, Best.-Nr. 127-22, Kosten- und Verteilhinweise | Eindruck einer Kontaktadresse

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Un viaje sin regreso

En una iglesia en Tirol del Sur (Italia) se hallan cuatro calaveras sobre un pequeño muro. Encima de él hay un cartel con la siguiente inscripción: „¿Cuál de ellos fue el necio? ¿cuál el sabio? ¿cuál el mendigo? y ¿cuál el emperador?“ Efectivamente, ya no vemos nada del poder y de las riquezas del emperador. La calavera del mendigo puede estar a su lado, pero nada indica su pobreza, sus harapos y su estómago vacío. Quizá nos dan ganas de poner un segundo cartel con las palabras: „La muerte hace a todos igual“. Ahora vamos a ver si esto es así.

En el sector publicitario se intenta ganar a los compradores de determinadas clases; es decir, se trabaja con la mira puesta en un grupo específico. La muerte, en cambio, no conoce ningún grupo específico, porque nadie se libra de ella. Es por eso que tantos se han ocupado con ella: Filósofos, poetas, políticos, deportistas, actores, analfabetos y premios nobel. Los que con más ahínco se preocuparon por el mas allá de la muerte, fueron los egípcios, porque dedicaron los mayores monumentos del mundo a la muerte: las pirámides de Gizeh. El poeta alemán Emanuel Geibel resumió excelentemente el balance de estos esfuerzos humanos: „Misterio eterno es la vida; misterio eterno será la muerte siempre“. De entre los muchos esfuerzos por explicar la muerte, vamos a considerar solamente la respuesta de la teoría evolucionista:

La muerte en el concepto del mundo de la evolución

En el sistema filosófico de la evolución, la muerte está tan profundamente anclada, que sin ella no habría vida sobre la tierra. Esto queda reflejado en los cuatro principios básicos de la evolución sobre la muerte:

1. La muerte – un requisito necesario para la evolución: Carl Friedrich v. Weizsäcker enfatizó lo siguiente: „Si los indivíduos no murieran, entonces no habría evolución y no habría nuevos individuos con nuevas características. La muerte de los individuos es una condición necesaria de la evolución.“

2. La muerte – un invento de la evolución: el profesor y biólogo Widmar Tanner se plantea la pregunta justificada acerca del por qué de la existencia de la muerte: „¿Cómo y por qué entra la muerte en nuestro mundo, si a fin de cuentas no tendría que existir?“ Y su respuesta es ésta: „El proceso del envejecimiento y la duración de la vida son formas de adaptación que se han desarrollado a lo largo de la evolución. El invento de la muerte ha acelerado notablemente el paso de la evolución.“ Para él, la muerte programada en cada individuo implica la oportunidad perpetua de probar cosas nuevas en la evolución.

3. La muerte – creadora de la vida: Este principio revela lo diametralmente opuesto de este sistema frente a la doctrina bíblica. El microbiólogo Reinhard W. Kaplan  lo expresá así: „El hecho de envejecer y morir, aunque es penoso para el individuo, y especialmente para el humano, es, sin embargo, el precio necesario para que se pudiera crear nuestra especie.“

4. La muerte – fin absoluto de la vida: según la teoría evolucionista, la vida es una forma de materia dentro de los límites de la física y la química (Manfred Eigen).

Vemos pues que la evolución no puede dar una respuesta satisfactoria acerca de la muerte. Reduciendo así la realidad al nivel de los fenómenos exclusivamente materiales, no queda lugar para una vida después de la muerte. El hombre queda reducido a una máquina biológica, siendo su muerte orgánica también su fin absoluto. Dentro de la maquinaria de la evolución, la muerte sirve para hacer ascender la vida que sigue. De modo que el valor de una vida humana radica sólo en la contribución que haya hecho a la evolución.

¿Quién nos da la respuesta correcta?

¿Quíen podrá contestarnos con seguridad la pregunta que tanto nos conmueve a todos, sobre la naturaleza de la muerte y lo que viene después? Tendría que ser alguien competente, y lo sería solamente, si cumple las cuatro condiciones siguientes:

1) Es necesario que él mismo haya estado muerto

2) Es necesario que haya vuelto de la muerte

3) Tiene que tener poder sobre la muerte

4) Tiene que ser digno de confianza absoluta

Si consideramos la historia de la humanidad, hallamos que sólo una única persona puede cumplir estas cuatro condiciones extraordinarias, y es Jesucristo:

1) Fue crucificado y murió en las afueras de Jerusalén. Sus enemigos querían estar seguros de que estaba realmente muerto y le hincaron una lanza en su costado, de modo que salió la sangre (Juan 19:34). De esta forma estaban seguros de que verdaderamente había muerto.

2) Él ya había anunciado, que al tercer día resucitaría. Y ocurrió así. Las mujeres fueron los primeros testigos ante la tumba. El ángel les dijo: „No está aquí, mas ha resucitado“ (Lucas 24:6).

3) El Nuevo Testamento nos relata tres resurrecciones obradas por el poder de Jesús: Lázaro de Betania (Juan 11:41-45), el jóven de Naín (Lucas 7:11-17) y la hija de Jairo (Marcos 5:35-43). Ninguna otra persona tiene el poder de mandar a la muerte, sino sólo Jesús.

4) De todos los hombres que han pisado la tierra, sólo uno pudo decir „Yo soy la verdad“ (Juan 14:6), y éste hombre fue Jesús. Incluso en presencia de sus enemigos, que trataban de hallar la más mínima injusticia en él, pudo mantener firme esta afirmación.

Ahora hemos llegado al lugar correcto, a la fuente de la verdad. La verdad es esencial para nuestra existencia. ¿Habrá álguien que quiera fundar su vida sobre un error? Constatamos, pues, lo siguiente: La persona que buscamos, con la competencia necesaria, capaz de darnos la información clara que buscamos, existe realmente. Él nos explica con toda precisión lo que ocurre con cada persona inmediatamente después de la muerte. En Lucas 16:19-31, Jesús nos da esta respuesta usando el ejemplo de dos personas que acababan de morir. Una de ellas conocía a Dios, la otra vivía sin Él. Lázaro es llevado por ángeles al seno de Abraham y le va bien en aquel lugar que Jesús llama paraíso en otra ocasión (Lucas 23:43). El otro, un rico, se encuentra en el infierno, inmediatamente después de morir, y describe su terrible situación con las palabras: „soy atormentado en esta llama“ (Lucas 16:24b). Aquí vemos, pues, que la muerte no hace a todos igual, ni mucho menos; más bien tenemos que afirmar que si ya en este mundo hay diferencias masivas, más allá del muro la muerte serán indecibles e infranqueables hasta más no poder. ¿Por qué razón? Vamos a explicarlo ahora.

La muerte triple

Según el testimonio claro de la Biblia, este mundo y todo lo que tiene vida son el resultado de un acto de creación directo por parte de Dios. La creación quedó terminada y perfecta, siendo la apreciación final de Dios ésta: „Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera“. La naturaleza de Dios es amor y misericordia, y así creó todas las cosas por medio de Su artífice maestro (Proverbios 8:30), el Señor Jesucristo (Juan 1:10; Colosenses 1:16). Como Creador también permaneció fiel a sus características como la mansedumbre, la misericordia y el amor. Esto es algo totalmente diferente a la estrategia de la evolución caracterizada por el sufrimiento, las lágrimas, la crueldad y la muerte. Pensar que Dios es el origen de la evolución, o sea, decir que Él usó tal método de creación, es cambiar la naturaleza de Dios en lo contrario. De ahí que la idea de una evolución dirigida por Dios (una evolución teísta) sea totalmente insostenible.

Pero entonces ¿de dónde viene la muerte, si no es ni un factor evolucionista ni concuerda con la naturaleza de Dios? Ya hemos visto que la muerte es general. Todas las personas mueren, desde los más jóvenes hasta los más ancianos; mueren personas moralmente rectas y también los ladrones, creyentes e incrédulos mueren igualmente. Para una secuela tan general, contundente y radical tiene que existir una causa igualmente general.

La Biblia señala que la muerte es la consecuencia del pecado del hombre. A pesar de que Dios le había avisado (Génesis 2:17), el hombre abusó de la libertad que Dios le había otorgado y cayó en el pecado. A partir de ese momento entró en vigor la ley del pecado: „Porque la paga del pecado es muerte“ (Romanos 6:23). El hombre pasó la línea de la muerte, que en el gráfico se ve dibujada como línea gruesa negra. También podríamos denominarlo el tren de la muerte. Desde Adán, el responsable de que entrara la muerte en esta creación (1 Corintios 15:22a), la humanidad entera se encuentra en este terrible tren: „Por esta razón, así como el pecado entró en el mundo por medio de un solo hombre y la muerte por medio del pecado, así también la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.“ (Romanos 5:12). Así que antes de la caída la muerte era desconocida en toda la creación.

Cuando la Biblia habla de la muerte no se refiere ni mucho menos al cese de la existencia. La definición bíblica de la muerte es „estar separado de...“ Puesto que la caída en el pecado marca una muerte triple (ver gráfico), hay también correspondientemente una separación triple:

1. La muerte espiritual: En el momento de la caída, el hombre „murió espiritualmente“, es decir, fue separado de la comunión con Dios. En este estado viven hoy todos los hombres que no creen en su Creador. Ellos mismos egoístamente toman las decisiones en su vida y claudican ante las pasiones y seducciones del pecado. Viven su vida como si Dios no existiera. No tienen una relación personal con Jesucristo y rechazan el mensaje de la Biblia. En los ojos de Dios están espiritualmente muertos, aunque corporalmente puedan estar muy vivos.

2. La muerte corporal: La otra consecuencia es la muerte corporal: „...hasta que vuelvas a la tierra; porque de ella fuiste tomado“ (Génesis 3:19). Por la caída en el pecado toda la creación está sometida a corrupción.

3. La muerte eterna: La parada final del tren de la muerte es la muerte eterna. Pero allí no es apagada la existencia del hombre (Lucas 16:19-31). Es la situación de estar separado de Dios definitivamente. La ira de Dios permanece sobre él, porque „por la iniquidad de uno – Adán – vino la culpa a todos los hombres para condenación“ (Romanos 5:18). Jesús describe este lugar de perdición como infierno; es un lugar de la más horrible existencia: El fuego allí „no puede ser apagado“ (Marcos 9:43 y 45) y es „eterno“ (Mateo 25:41), allí hay „llanto y el crujir de dientes“ (Lucas 13:28). Es un lugar espantoso „donde el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga“ (Marcos 9:48). Es un lugar de „eterna perdición“ (2 Tesalonicenses 1:9).

Nosotros mismos nos hemos hundido en la desgracia por nuestra propia culpa ¿y qué opina Dios sobre todo esto? Por su compasión infinita y su amor hacia nosotros entrega a su propio Hijo para que muera en la cruz obteniendo así la única salvación posible. Las palabras de Jesucristo „Consumado es“ indicaron que el tren de la vida ya estaba listo. Es la voluntad declarada de Dios (ver p. ej. 1 Timoteo 2:4) que seamos salvos del infierno eterno – o dicho de una manera más gráfica – que salgamos del tren de la muerte a toda marcha. Dios nos invita a pasar por la puerta estrecha que lleva al cielo (Mateo 7:13 y 14). Según el testimonio de la Biblia, Jesús es la única puerta y por lo tanto, el único camino para ser salvos. Si entramos en el tren de la vida, llegaremos a la vida eterna.

El cambio de un tren a otro ocurre en el momento que nos dirigimos a Jesús confesándole nuestra vida pecaminosa y arrepintiéndonos de nuestros hechos pidiéndole perdón. A los ojos de Dios, ésto nos transforma en una nueva criatura. Todo aquel que lo desee realmente puede recibir personalmente el regalo del perdón. Lo que nosotros recibimos por gracia, le costó un muy alto precio a Dios: el sacrificio de su Hijo. Todo aquel que acepta la oferta de Dios ha entrado en el camino que nos lleva a la vida eterna (Juan 5:24). Pero esta oportunidad existe solamente durante nuestra vida terrenal

El camino hacia la vida

Después de haber dado una conferencia, se me acercó un jóven para hablar conmigo. Yo le pregunté: ¿Dónde te encuentras? A lo que me contestó: „Estoy en la estación“. El chico había comprendido que tenía que salir lo más rápido posible del tren de la muerte. Pero su pregunta era cómo entrar en el tren de la vida. Le pude mostrar el camino y ahora viaja hacia la mejor meta que hay.

Dios no es solamente un Dios airado sobre el pecado, sino también un Dios amoroso para con el pecador. Si entramos hoy en el tren de la vida, entonces nos hemos asegurado un lugar maravilloso en el cielo. 1 Corintios 2:9 dice al respecto: „Lo que ojo no vio, ni oreja oyó, ni ha subido en corazón de hombre, es lo que Dios ha preparado para aquellos que le aman.“ Dios nos deja elegir libremente: „os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas“ (Deuteronomio 30:19). Aquí también queda claro que lo que Dios quiere es la vida. Del gráfico podemos deducir lo siguiente:

„Si has nacido solamente una vez (el nacimiento natural), entonces mueres dos veces (la muerte corporal y después la muerte eterna); pero si has nacido dos veces (el nacimiento natural, y la regeneración por Cristo), entonces sólo mueres una vez (la muerte corporal)“

La fe en el Hijo de Dios nos libra del juicio de condenación y nos trae la certidumbre de la vida eterna: „El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a juicio, mas pasó de muerte (espiritual) a vida (eterna).“ (Juan 5:24)

Si consideramos el alcance de esta decisión de fe, entonces nos damos cuenta de la consecuencia tan trágica que la idea evolucionista y su doctrina sobre la muerte tiene para sus seguidores. Pues esta teoría oscurece el peligro de la muerte eterna e impide a muchos aceptar el don de la salvación. Pero Jesús vino para salvarnos del abismo, del infierno. Dirígase a Dios con una oración. De este modo saldrá hoy mismo del tren de la muerte y entrará en el tren de la vida. Este cambio fundamental de la vida puede comenzarlo con la siguiente oración:

„Señor Jesucristo, he reconocido mi situación fatal. Mi manera de vivir no se ajusta a Tu Palabra ni mucho menos. Ahora me he dado cuenta de que estoy en el tren equivocado. Esto me asusta profundamente y clamo a tí para que me ayudes. Perdóname toda mi culpa que me pesa de corazón. Cambia mi vida y ayúdame a leer y entender tu Palabra y a vivir de acuerdo a ella. Con tu ayuda quiero entrar ahora en el tren de la vida y estar siempre contigo. Te recibo ahora en mi vida. Sé tú mi Señor y dame el deseo y las fuerzas para seguirte. Gracias de todo corazón por haberme librado de todos mis pecados y por haberme hecho un hijo de Dios. Amén“

Director y Profesor retirado
Dr.-Ing. Werner Gitt